Contagio
Estadio Amsterdam Arena. 20 de mayo de 1998. Final de la copa de Europa. Juventus-Real Madrid.
Aunque nuestros asientos estaban situados en la grada lateral superior, a base de recorrer pasillos y bajar escaleras, mi hermano mayor y yo conseguimos llegar hasta el fondo sur, donde sí tenían asiento mi hermano pequeño y un amigo suyo, que habían viajado con nosotros pero habían conseguido sus entradas por otra vía.
Allí estábamos, los cuatro reunidos rodeados de Ultrasur. El partido comienza. Todo eran cánticos, tambores y palmas. Parece mentira, que esos mismos seres con los que disfrutábamos de aquella manera, sean capaces de actos vandálicos que incluso les acarrean la prohibición de entrar en los estadios de fútbol. Prohibición que deben saltarse fácilmente, ya que entre nosotros, marcando el ritmo sin parar de golpear el tambor, estaba el catalogado como ultra más peligroso. Cuando nos enteramos, mi hermano mayor no podía creer, que fuera ése con el que él se había pasado todo el partido, codo con codo, animándole a no dejar de golpear el bombo. Cosa nada difícil de conseguir.
Descanso. Empate a cero. Por fin, los jugadores volvieron a salir al campo y comenzó de nuevo el griterío.
Según iba transcurriendo la segunda parte, como el gol no llegaba, una especie de burbuja invisible nos iba rodeando, haciéndose, a cada minuto, más y más densa.
Minuto 66. Tras un saque de banda del Real Madrid, Panucci cuelga el balón que, despejado por un defensa juventino, cae a los pies de Roberto Carlos que tira golpeando en un defensa. El rebote es para Mijatovic, que dribla al portero y tira a media altura marcando el 1-0.
En ese instante, la burbuja que nos rodeaba comenzó a elevarse llevándonos con ella hasta su punto más alto, donde tuvo lugar la explosión, tras la cual, volvimos a tomar tierra como si de fragmentos de algo roto nos tratáramos. Fragmentos que continuaban saltando, abrazándose, gritando y llorando, celebrando haber sido Uno, tras un objetivo común. Unos colores. Tal vez.... un sinsentido. Un sinsentido capaz de permitirme sentir, la experiencia de contagio colectivo más potente y emocionante de mi vida.
Y allí, en el fondo sur, se vivió el resto del partido con alegría y cánticos. Objetivo cumplido. El Madrid, otra vez campeón de Europa. Cantamos el “We are the champions” como si de Pavarottis nos tratáramos. El pelo se me erizaba, una sensación juguetona en mi estómago subía y bajaba. En alguna de sus subidas llegaba hasta mis ojos, que se llenaban de lágrimas de emoción.
Solo puedo decir: “Viva el fútbol, el Real Madrid y..... ¡Gracias, Ultrasur!”
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