miércoles, 5 de diciembre de 2012

gatito

Reencuentro del gatito encontrado

             —¡Jo! Hubiera sido mejor, no habérmelo encontrado —dijo Iván con los ojos líquidos de haber llorado y de poder volver a hacerlo en cualquier momento. Invadido de dolor, fruto del vacío dejado por aquel diminuto ser, que con tanto cariño había acurrucado en su regazo, dándole calor y cobijo. Aquel ser que parecía necesitarle tanto.
     
            Aquí y ahora no le compensaba haber sido la herramienta, gracias a la cual, ese minino abandonado e indefenso, había podido reencontrarse con su futuro.

        Lo vio claro. Aquél mágico momento en que esa cría gatuna, se pudo enganchar de nuevo a la mama de su madre que le recibió con su regazo abierto y disponible bajo aquella furgoneta blanca, aparcada junto al descampado que nos habían dicho ser, el lugar donde las gatas se reproducían.

         Lo aceptó. Pude contemplarlo a través de la ventanilla del coche, donde les estaba esperando junto a Crass, mi perra. En primer plano, Iván abrazado a su madre con lágrimas de resignación. De fondo, la furgoneta que cobijaba a la mamá gata alimentando a su cría. Y, entre ambos, un poco escorada a la izquierda, mi gran amiga Irene. Esa linda persona, que había motivado a Iván para buscar a la mamá del gatito, ya que debía estar angustiada y triste sin su pequeño.

              Un triángulo perfecto. Una imagen difícil de olvidar.

              Pero, ya reunidos dentro del coche, dispuestos a partir, con sus ojos líquidos, Iván dijo:
     —¡Jo! Hubiera sido mejor, no habérmelo encontrado.

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